Investigadores en neurociencia del sueño han demostrado que durante la fase de sueño profundo —también conocida como sueño de ondas lentas— el cerebro activa el sistema glinfático, un mecanismo de "limpieza" encargado de eliminar las toxinas y proteínas acumuladas durante el día, incluidas aquellas asociadas con el Alzheimer.
El estudio subraya que la falta crónica de horas de sueño reparador no solo afecta la concentración a corto plazo, sino que acelera el envejecimiento neuronal y debilita el sistema inmunológico.
Claves para mejorar la higiene del sueño:
Cero pantallas nocturnas: La luz azul de los dispositivos inhibe la producción natural de melatonina, la hormona que induce el descanso.
Temperatura ambiente: Mantener la habitación fresca (entre 18°C y 20°C) favorece la bajada térmica corporal necesaria para entrar en fases profundas.
Horarios regulares: Acostarse y levantarse a la misma hora sincroniza el reloj biológico interno de manera óptima.
Neurólogos recomiendan tratar los trastornos del sueño como un asunto prioritario de salud preventiva, en lugar de normalizar el insomnio en la vida moderna.