En 1992, un portacontenedores que navegaba por el Pacífico Norte sufrió una tormenta severa, provocando la caída al mar de un contenedor con más de 28,000 juguetes de baño de plástico, principalmente patitos amarillos.
Lejos de hundirse, los juguetes comenzaron una travesía oceánica sin precedentes que sigue desconcertando a los oceanógrafos tres décadas después.
Deriva global: Impulsados por las corrientes marinas, miles de estos patitos cruzaron el círculo polar ártico, llegaron a las costas de Alaska, cruzaron hacia el Atlántico norte y algunos incluso han aparecido en playas de Europa y Sudamérica.
Aporte científico: Aunque significó un accidente de contaminación por plástico, los datos recopilados sobre dónde y cuándo encallaron los patitos ayudaron a los científicos a mapear con una precisión nunca antes vista las corrientes de los giros oceánicos globales.
Este fenómeno inspiró libros infantiles, estudios climáticos y mantiene a una comunidad de investigadores aficionados rastreando el paradero de los últimos juguetes sobrevivientes en alta mar.