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Recibir un riñón nuevo: así cambia el cuerpo tras un trasplante

Recibir un riñón nuevo: así cambia el cuerpo tras un trasplante


Recibir un riñón nuevo: así cambia el cuerpo tras un trasplante
13-09-2026
    




Recibir un riñón de otra persona no marca el final de una enfermedad renal, sino el comienzo de una etapa de vigilancia constante. Después de la cirugía, el órgano trasplantado debe comenzar a realizar funciones esenciales como filtrar la sangre, eliminar toxinas y regular los líquidos, los electrolitos y la acidez del organismo. En 2024, España registró 4 mil 47 trasplantes renales, de acuerdo con la Organización Nacional de Trasplantes (ONT).


En muchos casos, el nuevo riñón empieza a trabajar casi de inmediato. Los órganos provenientes de donantes vivos suelen funcionar desde el principio, mientras que los de donantes fallecidos pueden tardar más debido al tiempo que permanecieron fuera del cuerpo, conocido como periodo de isquemia. Durante ese lapso, algunos pacientes pueden requerir sesiones de diálisis hasta que el injerto comienza a funcionar adecuadamente.


Uno de los principales retos es evitar el rechazo. El organismo puede identificar al nuevo órgano como un elemento extraño, por lo que los pacientes deben tomar medicamentos inmunosupresores y mantener controles médicos. El rechazo no siempre provoca síntomas evidentes en sus primeras etapas y una elevación de la creatinina puede ser una de las primeras señales detectadas mediante análisis. También pueden presentarse disminución de la orina, hinchazón, aumento rápido de peso, fatiga, náuseas, fiebre leve, presión arterial elevada o dolor en la zona del injerto.


La duración del riñón trasplantado varía de acuerdo con cada paciente y diferentes factores médicos. Según el especialista Ramón Delgado Lillo, la mayoría de estos órganos puede funcionar correctamente durante más de 10 años, mientras que los procedentes de donantes vivos suelen presentar una mayor duración. Para conservar su funcionamiento son indispensables los análisis de sangre y orina, la vigilancia de la función renal, el ajuste de los inmunosupresores y hábitos saludables. Estos medicamentos, aunque fundamentales para reducir el riesgo de rechazo, también pueden aumentar la posibilidad de infecciones y favorecer problemas como hipertensión o alteraciones metabólicas.


Con el trasplante, muchas personas pueden recuperar independencia, dejar la diálisis y retomar actividades como trabajar, viajar o hacer ejercicio, pero el cuidado médico continúa de por vida. Se recomienda mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física de manera progresiva, evitar el tabaco y moderar el consumo de sal, azúcar y grasas. Además, algunos alimentos, como el pomelo y su zumo, pueden interferir con determinados inmunosupresores. La recuperación también implica atender el impacto emocional, ya que el temor al rechazo puede generar ansiedad. El acompañamiento médico y psicológico puede ayudar al paciente a afrontar esta nueva etapa.



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