Pável Dúrov, magnate y creador de Telegram, afronta uno de los escenarios judiciales más severos tras la decisión del Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) de oficializar una orden de búsqueda y captura internacional en su contra.
La fiscalía rusa lo acusa directamente de colaborar con actividades terroristas, un cargo que, de prosperar, contempla penas de hasta cadena perpetua.
Las autoridades preparan el terreno para declarar su arresto en ausencia y solicitar la intervención de la Interpol.
El eje central de la acusación radica en la supuesta omisión de la plataforma para moderar y dar de baja contenidos clasificados por Moscú como peligrosos.
De acuerdo con el FSB, Telegram ha sido un canal clave para la inteligencia ucraniana en la orquestación de ciberfraudes, sabotajes e incendios en redes de transporte y energía.
Las autoridades destacan el caso del bot de citas Daivinchik/Leo, herramienta con la que presuntamente se reclutó y extorsionó a cerca de medio centenar de jóvenes para cometer ataques en territorio ruso.
La respuesta desde la cúpula de Telegram se dio de forma rápida y simbólica a través de la red X, donde publicaron la icónica fotografía de Dúrov de 2011 haciendo una seña obscena a la cámara.
El gesto evoca su antigua batalla por el control de la red social VKontakte frente a presiones corporativas e estatales, conflicto que detonó su salida de Rusia hace más de un decenio.
Aunque la app permanece bloqueada en el país y el gobierno promueve activamente alternativas estatales como la aplicación MAX, Telegram continúa siendo una herramienta indispensable para millones de usuarios rusos que evaden la censura mediante conexiones VPN.
Foto: Redes sociales / EFE