El atún se ha consolidado como uno de los pilares de la alimentación saludable a nivel global. Su alto contenido de proteínas de alto valor biológico y, sobre todo, de ácidos grasos Omega-3 (EPA y DHA), lo convierten en un aliado excepcional para reducir los niveles de colesterol LDL (malo) y proteger la salud del corazón. Sin embargo, las autoridades sanitarias recuerdan que su consumo no debe ser indiscriminado debido a un factor crítico: la acumulación de metilmercurio.
Al ser un pez depredador que vive muchos años, el atún acumula en sus tejidos mayores concentraciones de este metal pesado presente en los océanos. El metilmercurio es una potente neurotoxina que, en dosis elevadas, puede afectar el sistema nervioso en desarrollo. Por esta razón, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) y la FDA de EE. UU. sugieren moderar su consumo, especialmente el de especies grandes como el atún rojo.
¿Cuánto es seguro consumir?
Para la población adulta general, los expertos recomiendan limitar el consumo de atún a un máximo de dos o tres raciones por semana (preferiblemente atún claro o en lata, que suele provenir de ejemplares más jóvenes y con menos carga de metales). Por el contrario, se aconseja que las mujeres embarazadas, en período de lactancia y los niños menores de 10 años eviten el atún rojo y opten por pescados azules de menor tamaño, como las sardinas o los boquerones, para obtener los beneficios del Omega-3 de forma totalmente segura.