Por Nina Ticor: Las redes sociales tienen un talento extraordinario: convertir a miles de personas en expertos, jueces y santos… todo en menos de cinco minutos.
Esta semana el blanco fue Mike Flores. ¿La acusación? Que en algún momento practicó cacería y hoy impulsa iniciativas para proteger a perros, gatos y caballos. Para muchos, eso basta para sentenciarlo por “doble moral”.
Curiosa conclusión.
Porque la misma indignación desaparece a la hora de pedir un corte de carne, unos tacos de barbacoa o un cabrito el fin de semana. Ahí ya no hay discursos, ni hashtags, ni superioridad moral. Ahí el animal simplemente llegó, por arte de magia, al plato.
La cacería legal en México existe. Está regulada, tiene permisos, temporadas y reglas. Puede gustarte o no. Puedes estar completamente en contra. Lo que no puedes hacer es fingir que es lo mismo que torturar un perro, abandonar un gato o arrastrar un caballo hasta matarlo. Son cosas distintas y la ley también las trata de manera distinta.
Pero las redes sociales viven de mezclarlo todo. Si pueden convertir una fotografía en una sentencia, lo harán. Si pueden borrar el contexto para fabricar un escándalo, mejor todavía.
Lo verdaderamente fascinante no es la crítica a Mike Flores. Es la facilidad con la que algunos descubren su amor por los animales únicamente cuando hay una oportunidad de golpear a un adversario.
Porque si el problema fuera realmente la vida animal, la conversación sería mucho más amplia. Hablaríamos de rastros clandestinos, de abandono, de peleas de perros, de tráfico de especies, de caballos explotados hasta morir o de miles de mascotas que terminan en la calle. Pero no. Eso exige trabajo. Es más fácil reciclar una fotografía y declararse defensor de toda criatura viviente desde la comodidad del celular.
Hay una diferencia enorme entre combatir la crueldad animal y descalificar cualquier actividad legal simplemente porque genera likes. Confundir ambas cosas no demuestra sensibilidad; demuestra pereza intelectual.
Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿la indignación es contra la cacería… o contra Mike Flores? Porque si mañana esa misma fotografía fuera de alguien con quien simpatizan políticamente, sospecho que aparecerían las explicaciones sobre las UMAs, el manejo de fauna y la legalidad de la actividad. La ética, al parecer, también vota.
No hace falta estar a favor de la cacería para reconocer que una actividad legal no es equivalente al maltrato animal. Tampoco hace falta coincidir con Miguel Flores para aceptar que combatir la crueldad contra perros, gatos y caballos no se contradice automáticamente con ese hecho.
La doble moral no siempre lleva escopeta.